Ángel de la Delicadeza

Miguel, salmo 59, versículo 1: Ustedes, los hombres, deben buscar calmar, sanar y apaciguar todo lo que hay dentro de ustedes. Deben apaciguar lo que está agitado, enloquecido, vacío y perdido en ustedes, porque la agitación es una enfermedad que les impide saborear y sentir la sutileza, la pureza y la delicadeza del mundo divino.

Rafael, salmo 237, versículo 6: Si quieren vivir con la Luz, cultiven la sutileza, la invisibilidad, la dulzura, la delicadeza: sean seres ligeros, etéreos. No se dejen llevar por la energía del mundo de los hombres; incluso les digo: eviten este mundo, abandonenlo.

Rafael, salmo 237, versículo 14: No viven sin tener en cuenta vuestra vida interior y la sutileza de vuestra alma, porque si no, el mundo perderá su divinidad, su delicadeza, su sutileza.

Rafael, salmo 237, versículo 15: A los hombres groseros no les gusta la idea del alma, del espíritu, porque ante ella se sienten desarmados, se vuelven impotentes, ya que su fuerza se apaga ante lo que no pueden profanar. Por eso lo llevan todo al materialismo; quieren poder controlarlo todo, degradarlo todo, hacerlo tangible quitándole el alma y el espíritu. Si no le quitan el espíritu, la divinidad, lo invisible sagrado, lo sutil, la delicadeza, ya no pueden ser libres en sus malas obras.

Rafael, salmo 237, versículo 19: La delicadeza, la sutileza, la finura son virtudes que deben orientarse conscientemente hacia mundos superiores inmortales que están más allá de la materia perecedera y de los mundos del reciclaje.